
El pasado fin de semana el Perú realmente vio arder la selva, pueblo contra pueblo se enfrentaron, no eran delincuentes los que reclamaban –aunque se comportaron como tal-, no eran mercenarios los que trataban de imponer el orden –pero los trataron como si lo fueran-, las imágenes dantescas llegadas desde el mismo escenario de batalla despertaron el dolor de cada uno de los peruanos, desde el norte hasta el sur, desde el este al oeste. Nuestra patria fue esa honda herida infectada donde la pus desbordó sus limites gangrenándo la paz que desde Lima le abrieron a nuestras comunidades nativas.
Durante 54 días las comunidades nativas de nuestra amazonia venían alzando firmemente su voz de protesta exigiendo la derogatoria del Decreto Legislativo 1090 “Ley Forestal y de Fauna Silvestre” aprobado por el Congreso de la Nación pero declarada por el Tribunal Constitucional y La Defensoría del Pueblo como inconstitucional. En un principio se creo una mesa de dialogo entre los parlamentarios y los dirigentes de las comunidades nativas para llegar a un acuerdo y poder corregir el Decreto de la discordia. Cuando todo estaba listo para llevar a votación y declarar nulo el documento que había excitado a nuestra amazonia fue la bancada aprista y luego la bancada nacionalista los que terminaron por boicotear lo que hubiera sido la solución pacifica al problema.
El líder nativo Alberto Pizango totalmente ofuscado equivocadamente llamó a la insurgencia a las comunidades amazónicas, aunque luego se retracto los ánimos ya estaban caldeados. Las diferentes etnias de nuestra selva que consideraban que el Decreto Legislativo 1090 atentaba contra su integridad territorial y el desequilibrio de su medio ambiente se lanzaron a la toma de carreteras interrumpiendo la normalidad del transito vehícular.
Frente a esta situación el ministerio del Interior dispuso que un total de 700 policías despejaran todas las carreteras que se hallaban invadidas por las diversas comunidades amazónicas. En un primer momento los efectivos del orden trataron de disuadir a la muchedumbre para que se retirasen pero estos se mostraron reacios a acatar el pedido policial por lo que se decidió ejecutar para el día viernes una nueva estrategia.
Desde un helicóptero se empezó a lanzar bombas lacrimógenas para dispersar a los manifestantes, luego los uniformados también dispararon cartuchos lacrimógenos iniciando el despeje de las pistas; paralelamente un grupo de 58 efectivos se dirigió a tomar una colina en el lugar denominado la “Curva del Diablo” y así tener una mejor visibilidad para monitorear el operativo pero al llegar al objetivo fueron emboscados por 800 nativos quienes les arrebataron sus armas de reglamento disparando contra ellos, en ese ataque murieron 8 policías, luego dispararon contra el helicóptero.
Con las armas despojadas empezaron a disparar en contra de los demás uniformados dando comienzo a una feroz balacera entre ambos bandos, los muertos y heridos en ambos lados fueron apareciendo. La policía inicio los arrestos de manera violenta, se vivía un ambiente de guerra, había que repeler el ataque en salvaguarda de la vida.
Mientras tanto en la ciudad de Bagua reinaba el caos total: saqueos, incendios de locales públicos y ataques al puesto policial. Así mismo llegaba información que los 38 efectivos que custodiaban la Estación 6 de Petro Perú en el distrito de Imaza eran secuestrados, muchos de los cuales al final fueron torturados y degollados.
A sangre y fuego se restableció el orden pero con un costo humano demasiado alto: Policías fallecidos (23), civiles fallecidos (25), heridos (116), detenidos (50). El dirigente nativo Alberto Pizango después de empujar a sus hermanos amazónicos a la violencia huyó como una rata bajo las faldas de dos congresistas: Janeth Cajahuanca y Juana Huancahuari, ambas del Partido Nacioanlista.
Aunque ayer se decreto Duelo Nacional en todo el territorio peruano, y hoy se trata de encontrar responsables no debemos perder de vista que los únicos grandes culpables de toda esta situación que termino por enlutar a nuestra nación son los “señores” parlamentarios. Bastaba con que anularan por votación unánime el Decreto Legislativo 1090 por ser inconstitucional y todas estas muertes se hubieran evitado.
Policías y amazónicos son inocentes de todo esto, uno obedeció ordenes y procuró poner orden, y los nativos que ven al Perú con una visión totalmente diferente a nosotros defendían su justo derecho. El gobierno enfrentó a peruanos contra peruanos.
Una vez más esa cloaca llamada Congreso de la Nación se lavará las manos como Poncio Pilatos y jamás admitirán que los únicos asesinos fueron ellos.
Chauuu...