sábado, noviembre 19, 2011

LA CIENCIA DE LA INMORTALIDAD (Parte I)


El ser humano evitará la muerte en el año 2045

Estamos cruzando la frontera rumbo a la inmortalidad, ya sea reparando el daño que provoca el paso del tiempo o reemplazando las piezas desgastadas que lo ameritan. Así lo ven los futuristas que encuentran en la fusión entre biología y tecnología la posibilidad de extender, radicalmente, la vida.

Inventor del software de lectura para ciegos y creador de los sintetizadores de música entre muchas otras innovaciones, Raymond Kurtzweil asegura que a mediados de este siglo se consolidará una "humanidad ciberorgánica". Mediante un modelo matemático que le permite estimar el progreso anual que se puede lograr en diferentes campos -genético, nanotecnológico y robótico-, Kurtzweil calcula que para el año 2045 el ser humano logrará curar todas las enfermedades, incluída la vejez, y por lo tanto podrá controlar a placer el fenómeno biológico más universal, la muerte.

En ese mundo de inmortales, la gente solo hará ejercicio por entretenimiento, literalmente para matar el tiempo. Los relojes serán solo accesorios decorativos y los hospitales se convertirán en centros de servicio para el reemplazo de piezas. Nadie entenderá el drama de Romeo y Julieta. Es más, habrá que pensarlo dos veces antes de jurar amor eterno...

Cuando la inmortalidad llegue, la vida sin antagonista, la muerte, deberá tener otro sentido, y las religiones ya no tendrán un "más allá" que ofrecer.

¿La verdadera fuente de la juventud?

Es noviembre de 2010. Mariela Jaskelioff es una investigadora más que experimenta con ratones. Solo que en unas cuantas horas, la revista científica Nature publicara una noticia que correrá como pólvora en los circuitos ansiosos por revertir el deterioro de trae consigo la vejez.

Hace años que se conoce la relación que existe entre el daño a los telómeros y el envejecimiento. Los telómeros son esa especie de capuchones que protegen los extremos de los cromosomas que están en cada una de nuestras células; son como las puntas plásticas que evitan que las agujetas de los zapatos se deshilachen. Al nacer, los telómeros son largos, pero a partir de ese momento, cada vez que una célula se divide, se desgastan y se van haciendo más cortos. Y cuando los telómeros se acortan, la célula se divide con errores de información genética, se reduce la posibilidad de que se autorrepare, y esto repercute en el funcionamiento de los tejidos, y por lo tanto de los órganos.

En 1984 se descubrió que existe una enzima llamada telomerasa -compuesta por proteínas y ácido ribonucleico-, que es responsable de mantener la longitud de los telómeros. ¿Si se manipula la telomerasa es posible detener el envejecimiento? ¿Es posible rejuvenecer, incluso?.

En Boston, la biomédica Mariela Jaskelioff se ocupa del experimento que pone a prueba si es posible revertir la pérdida del tejido al reactivar la telomerasa en ratones envejecidos a propósito. Cuando comenzó su carrera ciantífica, ella investigaba el papel que juega la telomerasa en el cáncer (sí, es telomerasa la que hace que las células cancerosas sean inmortales: 90% de las células tumorales presentan una superactividad de esta sustancia). Mariela lleva vario s años manipulando esta enzima. Junto con su equipo en el Instituto Dana - Farber para el Cáncer, afiliado a la Universidad de Harvard, logró crear una telomerasa sintética que se puede activar y desactivar por medio de tamoxifeno, la telomerasa queda inactiva en el citoplasma de la célula; con tamoxifeno, la telomerasa se dirige al núcleo y actúa sobre los extremos de los cromosomas.

En el laboratorio donde se realiza el experimento, hay cuatro jaulas con 10 ratones en cada una. El primer grupo es de roedores normales que no reciben tamoxifeno. El segundo grupo está formado por ratones modificados genéticamente para no producir telomerasa, y que tampoco reciben tamoxifeno; son roedores envejecidos prematuramente que viven la mitad del tiempo que un ratón normal; pierden peso rápidamente, su pelambre es canoso y ralo. En la autopsia, los órganos internos se observan severamente atrofiados y presentan deterioro cerebral.

En la tercera jaula también hay ratones modificados genéticamente para no producir telomerasa, con los mismos síntomas prematuros de envejecimiento. Pero estos afortunados reciben tamoxifeno durante cuatro semanas, y entonces la telomerasa actúa sobre los telómeros: los roedores rejuvenecen de forma dramática. El bazo, el hígado y los intestinos se recuperan completamente mostrando apariencia y funciones idénticas a las de órganos jóvenes. Su pelambre, que ya empezaba a ser cano, recobra su color y se vuelve brillante. En términos humanos, parecían de 90 años y, un mes más tarde, se ven de 40. Resultado: al restaurar los telómeros dañados, la juventud se recupera.

Pero, un momento: en la cuarta jaula, el grupo de "control negativo", formado por roedores normales que han recibido tratamiento hormonal de tamoxifeno, no pasa nada... si se administra tamoxifeno a un ratón normal, no pasa nada.

Una vez publicados los resultados, no paran de sonar los teléfonos ni de llegar correos electr´nicos preguntando por qué no intentan ahora prolongar la vida de los animales. "Te sorprendería la cantidad de correos que recibimos", cuanta un año después la doctora Jaskelioff. "Gente de todo el mundo pidiendo ser nuestros conejillos de indias. Es increíble que la gente pueda hacer cualqier cosa por frenar el paso del tiempo". (Fuente: 20minutos)


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